Las mocitas madrileñas

Es un hecho objetivo que el himno de Madrid es mejor que el del Barça. Reto a cualquier culé empírico a que encuentre en su himno un solo verso con la carga erótica y ese suave aroma de melancolía retro que transmite ese pasodoble mágico:

Los domingos por la tarde,
caminando a Chamartín,
las mocitas madrileñas,
las mocitas madrileñas
van alegres y risueñas
porque hoy juega su Madrid

Correcto. El del Madrid es un canto de verbena casposilla, de poca altura intelectual (¿qué himno los es?), pero honesto por entrañable. Exuda esplendor en la hierba en cada sílaba. Es fanfarronete, “de las glorias deportivas que campean por España”  y fabulosamente pasado de moda. El del Barca es un cántico de boy scout, recuerda a esas canciones de guardería para aprender el abecedario o la tabla de multiplicar del 3. Un terrible himno de coreografía y caminata por el bosque. No puedo evitarlo, esas palmadas ortopédicas, clap, clap,  me dan vergüenza ajena, me obligan a bajar la vista, como cuando un entrevistado de Buenafuente intenta ser gracioso y no lo consigue.

Podría seguir: esa letra anodina “todo el campo es un clamor, somos la gente azulgrana”. Y ese llanto soterrado “Jugadores, aficionados, todos unidos hacemos fuerza, son muchos años llenos de sacrificio”. Y esa aliteración vulgarota: “eso sí, estamos de acuerdo, estamos de acuerdo, una bandera nos hermana”.

Pero basta ya de tantas palabras. Antes de ladrar vuestro rencor en forma de comentarios en formato 2-6, escuchad hermanos le versión jam session del himno del real Madrid, a manos de Ernesto Alterio.

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