Papá, ¿por qué somos del Madrid?

Ahora que los merengues atravesamos una severa crisis existencial agravada por la exuberancia hormonal del monstruo blaugrana, convertido en un Casanova locuaz y seductor, con una polla así de grande, ahora que no luce el sol ni es primavera, ahora que guti dice que se va, ahora que cuando no es messi es pedrito, ahora, decía, es hora de acudir a los clásicos en busca de respuestas.

La respuesta es de arcadi espada y pudes leerla entera aquí.

“Y ahora, por fin, después de este repaso se revela todo, les revelo todo. ¿Qué es lo único que cuando pronuncio “yo soy” aún tiene sentido para mí? Les recuerdo. He intentado ser español, catalán, italiano, intelectual de París, barcelonés, argentino, andaluz, europeo, mediterráneo, etcétera, etcétera. Pues bien, yo soy del Real Madrid, Club de Fútbol. Han pasado tantas cosas, ha pasado todo y ya no cambiaré. Estoy en la crecida de la edad y debo decir que es la única identidad que ha superado todas las pruebas, pruebas algunas de ellas verdaderamente sensacionales: jugadores absolutamente toscos, presidentes impresentables, aficionados ruines (favores arbitrales, no, por favor). Por tanto, la pregunta permanece: ¿qué es una patria, qué es una identidad? Una identidad es aquello a lo cual le colocas una camiseta y siempre está guapo. A cualquier tipo de la vida, por muy ruin y zafio que sea, le colocas la camiseta blanca y reluce, reluce y se hace de inmediato inocente. Y eso es una identidad: una camiseta colocada, dispuesta, presta a disculpar cualquier atrocidad del destino. Miren, lo poco que puedo añadir sobre el fútbol me lo dijo un hombre muy inteligente, y como todos los hombres inteligentes de este país, fue vituperado, agredido. Ese hombre es Pablo Porta, aquel que fuera durante mucho tiempo Presidente de la Federación Española de Fútbol, y que se convirtió en el muñeco de feria de una muchacho que hacía periodismo.

–Mire, Espada –me dijo una vez Pablo Porta–, el fútbol es un deporte que no tiene ningún interés. Desde el punto de vista técnico es una cosa muy rudimentaria. Cuenta demasiado el azar, es muy poco espectacular y no requiere tampoco hombres especiales porque es muy fácil enmascarar la mediocridad entre once –diagnosticó–. ¿Sabe usted lo único que aguanta el fútbol? ¿Sabe usted por qué no ve nunca un partido entre Nigeria y Taiwan a pesar de ser los mejores del mundo? Pues no lo ve porque lo único que aguanta el fútbol, Espada, es ser de alguien.

Así de claro y así de rotundo. Es decir, el drama que se desarrolla en la cancha no es entre técnicas, tácticas, espectáculo o estrategias, sino entre dos identidades. Ustedes me disculparán, pero estoy muy feliz, muy contento, satisfechísimo en suma, de que la única de mis identidades que haya logrado sobrevivir al paso de los años se vincule al fútbol.

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