Imágenes que precederán al fin del mundo

panda de testosterona, dice aterrorizada mi compañera de trabajo, recién aterrizada en Madrid después de un fin de semana de retiro budista en un pueblo de Soria

hemorragia de felicidad, dice Camacho.

niñatos bebiendo whisky a las 5 de la tarde bajo el sol, meando y vomitando, replica mi compañera budista.

¡qué grande es el corte Inglés de Callao!, dice Maria Angels Barceló. con tierno asombro provinciano.

¿y los jugadores no se aburren en el autobús?, pienso yo viendo la caravana infinita y estática desde el sofá de mi casa.

la infanta bailando el waka waka. Conoce la coreografía, pero es incapaz de aplicarle el ritmo correcto, digámoslo suavemente.

Aparece Perales, digo Escobar, siempre los confundo. Como a albiol y a arbeloa.

Puyol, tímido, se mantiene en segundo plano, escoltado por Piqué. Se mete las manos en los bolsillo y mira el móvil.

Nacho Cano pasadísimo en el plató de 4. “Vi la final en el Amnesia de Ibiza. Un amigo nos puso en sintonía para verla”. Está nervioso, me pone nervioso. Me da miedo.

Nico Abad, con la mirada perdida en el plató de 4, juega melancólico con un sandwich. Maria Angels Barceló se lo recrimina: “Nico, que a veces nos pinchan a nosotros”.

Llega Bisbal saltando como Pumuky, con un colgante por fuera de la camiseta de la selección (colocada a su vez encima de una camiseta blanca de mangas largas y cuello subido). Está tan excitado que hasta Reina se desdibuja, por un momento parece superado. Puyol sigue mirando el móvil. Nico mira el sandwich. Miro el colgante de Bisbal. Intento borrar esta imagen, pero no puedo.

p.d: Nostalgia de azurro

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