Geopolítica culé o la flexibilidad del absolutismo

El equipo que mejor juega al fútbol del mundo tiende también a ser el más ñoño, empalagoso e hipócrita del mundo. Siempre me llamó la atención que muchos seguidores del Barça, en vez de limitarse a disfrutar como niños de la belleza engrasada de su panzer sutil, hayan preferido subirse al púlpito de la (falsa) moral a dar lecciones a los corruptos y capitalistas madridistas. Así, no extraña ver a Guardiola recetando máximas budistas a cargo del banco Sabadell.

Mi falacia favorita del Barça es aquella que imagina a un humilde equipo de barrio más preocupado por acabar con el hambre infantil que por ganar partidos. Un ejército simbólico en el que el dinero no importa. En esta fantasía no hay lugar para las contradicciones ni los matices ni los trabaluenguas incómodos del tipo: una cosa es la cantera y otra tener la cartera para conservar la cantera. Dicho en fácil: Messi será un niño de la Masía, pero cobra tanto como Ronaldo.

Mi segunda falacia favorita del Barça tiene que ver con Unicef y con ese resplandor mágico de profesor de religión que surgía en los virtuosos ojos culés cuando fulminaban Bet&Win, el Pecado, El Dinero, sobre la camiseta blanca. Esa mirada de nosotros salvamos niños vosotros destrozáis familias. Pues bien, el equipo catalán, el mismo que en la Era Unicef encarnaba “la épica que guía a la libertad a los pueblos sometidos” (Laporta dixit) y firmaba golosos contratos con Uzbekistán (Uzbekistán, entre otros atractivos turísticos, es conocido por emplear a niños esclavos en la recogida de algodón, es decir, por tirar de la cantera), me acaba de alegrar el día. Han firmado un acuerdo multumillonario para llevar publicidad de Qatar en su zamarra. Pensaba terminar el post de forma socarrona, pero no hay ironía demoledora comparable a las declaraciones institucionales del propio Barça explicando que Qatar es un país “progresista”. Tumbaros en el sofá, serviros un copa bien cargada y disfrutar de esta hermosa giro hiperbólico, de esta orwelliana pirueta eufemística: “Qatar es una monarquía absolutista, no parlamentaria. Pero es una monarquía absolutista flexible”.

Oremos

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